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Revisando el espacio doméstico desde la perspectiva de género

Las alturas también influyen mucho. Por ejemplo, en el edificio de La Borda (11), aquí en Barcelona, el equipo de proyecto y la cooperativa de personas que iban a vivir allí, aunque no fue un pedido hecho por el Ayuntamiento, deciden hacer un acceso al futuro parque que hay detrás. Este paso libre tiene en un punto una triple altura, que después baja y cambia (ver fig. 3). Eso es distinto, por ejemplo, en La Mina (12), donde los bloques de vivienda de 200 o 400 metros de largo tienen también estos tipos de pasos, pero con una altura de 2,20 m (ver fig. 4). Al final ése no es un espacio ni público, ni intermedio. En el paso de La Borda tienes un espacio público, porque se cede a la ciudad y, a la vez, es intermedio y permite relacionarse.

Figura 3. Edificio de cooperativa de viviendas La Borda, en Barcelona. PH: Luciana Pellegrino.

Figura 4. Edificios de viviendas en el barrio de La Mina, en Sant Adrià del Besós, Barcelona.
Fuente: https://www.publico.es/public/retrat-mina-retrat-d-barri-oblidat-les-mil-mines.html

L.P.: ¿Cómo sería para vos una vivienda sin género?

Z.M.: En términos arquitectónicos, la idea sería que la misma disposición o las organizaciones espaciales -o los nombres de las cosas, o los tamaños- no privilegien una acción, una persona o un rol sobre otro. En un trabajo que hemos hecho definimos para una vivienda distintas categorías de espacios: ámbitos especializados, no especializados, exteriores, complementarios y de almacenaje. Los especializados son aquellos que necesitan una infraestructura especial para funcionar, como tuberías de agua, etc., lo que tradicionalmente llamamos baños, cocinas y lavaderos. Los no especializados son todos los espacios de estancia, que pueden ser para dormir, para estudiar, para juntarse, para hacer trabajos, donde no se necesita una infraestructura especial. Luego, los exteriores, que puede haber de diferentes tipos, y los complementarios, que son los que dan soporte o comunican los especializados y los no especializados; y, por último, los de almacenaje, que sería una especificidad del complementario. Creo que si le quitamos el nombre, si decimos ámbito no especializado, no decimos para que se usa. Y para ello también la condición espacial tiene que permitir que no haya una jerarquía entre esos espacios. Por ejemplo, en la normativa española, un salón tiene una ventana de un tamaño, una luz y una ventilación determinada y un dormitorio puede tener menos. ¿Y eso por qué? Sería más conveniente que todos tengan lo mismo; si tú trabajas con el mismo aventanamiento se puede usar los ambientes con mayor libertad y posibilidad de cambio.

L.P.: Sí, como en Argentina, donde en el código de edificación están pautadas las medidas mínimas por locales, según categoría, donde una segunda habitación puede tener dimensiones más pequeñas.

Z.M.: Aquí en España la medida de una habitación, dependiendo dónde, puede tener entre 10 m2 o 12 m2, la segunda y la tercera 8 m2 y la cuarta 6 m2. Es peor que un camarote de tren, donde solo te cabe una cama y un paso. Esa jerarquía de espacios te marca una jerarquía interna de la familia o de la unidad de convivencia y hace imposible que cambie. Si tienes una cama doble no te entra en otro sitio que en la habitación grande. Otras cuestiones de proyecto son los armarios, que generalmente dan al interior de las habitaciones. Eso condiciona muchísimo la organización del espacio de la habitación. En cambio, el pasillo, que es el ámbito complementario, podría tener otros usos. Si tienes un pasillo un poco más ancho puedes hacer algo más que circular y puedes tener allí los armarios. Los armarios no son privativos de nadie, ni molestan, y también es una mejor solución en términos higiénicos y de salud. Si estos espacios tienen esa jerarquía niños y niñas, que necesitan más espacio a una determinada edad, no lo tienen y, en cambio, los adultos tienen una habitación más grande. ¿Para qué? Si no están nunca…

L.P.: Y con respecto a las cocinas, que entiendo que entran en lo que defines como espacio especializado, también hay cierta idea de que lo que hizo la modernidad, además de volverlas más eficientes, fue aislar ese espacio como un lugar de servicio al diseñar cocinas cerradas y para una sola persona.

Z.M.: Pero yo también distinguiría si es la modernidad o la lectura de la modernidad. Porque, en verdad, los mejores ejemplos de la modernidad tienen cocinas abiertas.

L.P.: ¿Y en el caso de la cocina de Frankfurt? Esa no es una casa unifamiliar, sino que se reproduce a gran escala en la producción de viviendas masivas.

Z.M.: Claro, sí. Pero la cocina de Frankfurt es un mal entendimiento de lo que es. La cocina de Frankfurt es la taylorización de la cocina, evidentemente. Pero las cosas hay que verlas en relación a lo que estaba respondiendo. No le puedes pedir que responda a algo de hoy. ¿A qué responde la cocina de Frankfurt? A que las cocinas previas funcionaban con carbón, generaban suciedad, no tenían nevera… Eran cocinas que llevaban muchísimo esfuerzo, ya que eran enormes y para una sola persona que tenía que hacer todo ese trabajo. El espacio no era para nada eficiente ni útil. Entonces, lo que le podemos cuestionar hoy, y quizás en ese momento algunas mujeres ya lo hacían, es seguir asignando esa tarea a una única persona. Además, lo que consigue es que esa única persona haga mejor esa tarea, menos cansada, más eficiente, más cómodamente, con mejor iluminación, con mejor ventilación y con una lógica. Pero la cocina de Frankfurt no es un modelo cerrado, sino un sistema. Es un sistema de elementos que combinas para que ese espacio, pequeño o grande, funcione mejor. Porque hay aplicaciones de la cocina de Frankfurt a casas grandes. [Zaida se levanta y toma un libro (13) de su biblioteca, donde se ilustran las distintas adaptaciones del sistema de la Cocina de Frankfurt].

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