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Organizaciones productivas

Legislación y cooperativa

Llegamos a nuestros días y a la ciudad de Buenos Aires con una propuesta heredada tal vez de este devenir histórico, pero con algunas diferencias importantes, y acá tomo dos documentos, ¿sí? Tomo las leyes de urbanización de, en este caso vamos a hablar de la Rodrigo Bueno, y tomo el acuerdo por urbanización de villas del 2016. En esos dos documentos se menciona, se genera una nueva relación del componente social laboral con lo que está pasando, por lo menos a nivel de propuesta. Permítanme leer el punto 5 del acuerdo de urbanización. Dice:

Se priorizará la contratación de pobladores y cooperativas de trabajadores de barrio para llevar adelante las obras de construcción».

Y el artículo en este caso 14 de la ley de urbanización de Rodrigo Bueno, a veces es el 14, a veces el 15, depende qué ley de urbanización estemos tomando, y tomo esto porque en general es el que está más extendido y es de los últimos que se hicieron, dice en recorte: «deberán contratar hasta un 20% de personas que habitan en el barrio para ejecución de las obras», y por otro lado, y este es el agregado de esta ley con respecto a las leyes anteriores, «deberán realizarse capacitaciones y brindar formación a los habitantes del barrio a fin que puedan trabajar en las obras que se ejecuten». Dice bastantes cosas más, pero les hago estos dos recortes para digamos mostrar o para interpretar dos formas de relacionarse con lo socio-laboral en términos de este contexto de urbanización. Puede ser a través de un trabajador contratado, una empresa del sector privado, del sector público, pero una empresa al fin para el desarrollo de tareas como obrero calificado, no calificado, lo que sea, o la otra, como miembro de una organización cooperativa que logre acceder a alguno de estos programas o licitación o por la forma que el estado decida o pueda a los recursos económicos para hacer algún proceso de transformación de cualquier vivienda, digamos, lo que sea espacio público. Cuando se cruzan estos datos digamos con estas intenciones, tanto en el marco de las leyes de urbanización como en el acuerdo, lo que te encontrás es que de los pocos estudios que hay, y deberíamos hacer más, respecto a los tejidos de organizaciones productivas en el hábitat popular te encontrás que el 80% de las urbanizaciones no tienen ningún tipo de inscripción legal y solo el 5% están conformadas como cooperativas. Con lo cual la posibilidad real, concreta, de acceder como organización socio-productiva a un proceso de urbanización, resulta compleja. Si a eso le sumamos la cantidad de requisitos que piden en cualquier pliego de licitación, por más obra pequeña que sea, es casi imposible. No es cierto que es imposible porque hay organizaciones cooperativas que hoy están haciendo parte de los procesos de urbanización, en general obra chica, pero lo están haciendo, aunque la porción es extremadamente baja. Con lo cual las intenciones que inicialmente para eso están en la letra de lo que acordamos, permítanme sumarme a eso, en realidad nos queda la posibilidad de trabajar como un operario dentro de una empresa constructora que digamos logre obtener alguna de las obras de licitación, o sea, va a tener contratista.

 

IVC grandes números

Hoy el presupuesto de 2018 de la ciudad para vivienda es de un poco más de 9 mil millones de pesos. El presupuesto, no el que finalmente está erogado. Si nos vamos al IVC para precisar un poquito más, está en 6.018 millones de pesos. Y si especificamos un poco más, con el PRIT, el Programa de Reintegración, Integración y Transformación de Villas, estamos en casi 3 mil millones de pesos. Si tomamos el presupuesto del IVC que es el más alto de los que nombré, la capitalización de organizaciones productivas, solamente lo que pasa en 2018 en términos del IVC es de 481 millones de pesos. Es un montón de dinero. Cuando hablo de capitalización hablo después de todo gasto, impuesto, flete, material, sueldo, servicio técnico, etc. 481 millones de pesos de capitalización digamos de la organización productiva que haga lo que tenga que hacer, las organizaciones productivas. Y si tomamos sólo el presupuesto del PRIT es 233 millones de pesos en el año 2018. Nosotros hacemos proyectos de urbanización, trabajamos en el marco del proyecto de extensión y demás, va generando una transformación por presupuestos totales de 300 mil, 200 mil, 50 mil. Y con eso hacemos un montón de cosas. Con un presupuesto de 233 millones, bueno, habría que ver lo que hacemos, sólo para capitalizar organizaciones productivas. Y si lo ponemos en términos de puestos de trabajo, si tomamos el presupuesto del IVC son 4.600 puestos de trabajo y tomando el presupuesto del PRIT son 2.200 puestos de trabajo. No vamos a poner los índices en pleno empleo, pero de ninguna manera es despreciable.

Cuando cruzamos esos datos con lo que pasa en las pocas estadísticas que tenemos en términos de comparación, hábitos populares y resto de la ciudad, así lo llaman, respecto al trabajo, nos encontramos que la situación desde calidad laboral en general es un elemento texturante de nuestro campo de laburo, con lo cual ninguna de estas cifras es despreciable pero sí claramente hoy no son contenibles.

Nosotros no podemos contener ninguna o casi ninguna de estas observaciones económicas que está haciendo el estado en términos de darle alguna fortaleza socio-laboral a las organizaciones productivas o a los trabajadores de sectores populares. Más allá de que sean parte de la masa laburante de las empresas contratistas del estado. Hay temas en los que venimos trabajando nosotros, hay muchísimas organizaciones que vienen con propuestas de estas y con proyectos de ley, hay estructuras organizacionales que vienen laburando en la resolución o la superación o la mejora de este contexto como para poder llegar, no a captar algo de renta que es el lugar que estoy poniendo sino en generar producciones, nosotros estamos tratando de tomar no solamente la cuestión desde sanidad sino también desde que esas erogaciones que hoy también está haciendo el estado en términos del desarrollo del espacio de los barrios, pueda ser soporte de un fortalecimiento a organizaciones productivas que después superen la simple acción sobre esa obra matriculada y se constituyan como unidades productivas que puedan ofertarse y generar trabajo por fuera de estas estructuras iniciales que sabemos que no son eternas. Y por otro lado que puedan proponer estructuras o entregar servicios de mantenimiento. En una mirada casi de mercado. De ahí en adelante podemos hablar sobre muchas cosas, pero hablamos de las más básicas en todo caso. Sí hay que trabajar digamos, y se está trabajando sobre la reestructuración de las formas que el estado adjudica ahora, cómo lo hacen, por qué lo hacen, pero ese mismo dato también tenemos que generar soporte socio-tecnológico para que las organizaciones productivas realmente puedan ir teniendo la posibilidad de transformación cada vez más compleja del espacio público y también la obra de vivienda. Y que también, el proyecto como estrategia puede poner dentro de sus variables de evaluación las formas de capitalización económico-productivas de las organizaciones populares entendiendo que el tejido en el cual estamos laburando necesita o podría requerir de nosotros diferentes grados de complejidad para el desarrollo de obra, volviendo a Hilario, sin cinta métrica, pero en otra dimensión requerir de escala, de escalabilidad, en términos de complejidad de la producción de hábitat.

 

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