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Lo trans, lo colectivo, lo común: experiencias fragmentadas de vivienda

Lo común

En el proceso de pensar y recuperar estas experiencias de colectivización y autogestión se despliegan las potencialidades que éstas ofrecen, una gigantesca cantera de fuerza para cambiar el mundo (Gutierrez Aguilar, 2019), ya que definen el marco de experimentación en la producción espacial de habitares que podría permitir superar las limitaciones existentes. Dialogar este archivo de experiencias con lo común implica el desafío de buscar nuevos modos de vivir y organizar la praxis colectiva, de modo que sea posible poner límites a las agresiones y, simultáneamente, congregar fuerzas, entendiendo lo común en un sentido de potencia de desplazamiento, como una posibilidad de una política diferente (Gago & Sztulwark, 2019). En ésta descansa la posibilidad de habilitar una multiplicidad de espacios, de relanzar todo el tiempo la autodeterminación comunitaria por encima de la determinación ajena de la vida, impuesta por la relación capitalista y sus formas políticas estatales de normarla.

Está claro que estas experiencias no estarán exentas de tensión, pues la pertenencia a una trama colectiva no concede derechos, sino que “obliga a hacerse cargo” de una parte de las decisiones colectivas; es decir, como una obligación de acordar colectivamente (Gutiérrez Aguilar; Salazar Lohman, 2019). Así, hablamos de una dimensión común de la experiencia, la generación de herramientas de pensamiento y acción que devienen en un tipo de subjetividad que, en tanto lxs sujetxs se reconocen como parte de un nosotrxs, están dispuestxs a cooperar y a sentir como propio lo que se produce en común (Navarro, 2019).

Por tanto, tendremos por delante la difícil tarea de pensar las maneras en que la arquitectura, el urbanismo y el diseño pueden, o no, escapar a los dictámenes de la modernidad; o, dicho de otra manera, trabajar en pos de crear las condiciones para que estos procesos surjan y se puedan consolidar como tales, proponiendo prácticas efectivas que puedan servir como soporte para otras alternativas de futuros.

La idea de que al diseñar herramientas estamos diseñando o contribuyendo a las formas de ser da lugar a la conversación sobre las posibilidades y las potencias. Lo común, como tal, porta este enorme potencial de espacios de lucha social, donde se ponen a prueba, viven y exploran alternativas y prácticas de vida, trabajo, etc. La puesta en marcha de una alternativa implicará, por tanto, la creación e impulso de nuevos espacios, más que la mera ocupación de los mismos; es decir, estas experiencias son ya alternativas de futuros en marcha, y no meramente una perspectiva de los mismos, pues cotidianamente producen espacios y subjetividades y enuncian en su práctica cotidiana una posibilidad diferente.

Trabajar estas posiciones requerirá adentrarse en sus propias contradicciones, problemáticas y mixturas, pues es imposible entenderlas si no es con sus afueras. Por este motivo, es importante la insistencia por nuevas teorías críticas del hábitat y de lo urbano, teorías que puedan ir más allá de los esquemas de planificación tan comunes e imperantes, centradas en el control más que en la potencialidad. La mayor parte de las políticas de diseño descansan cómodamente en el mismo orden epistémico y cultural que creó los problemas que buscan resolver (Escobar, 2016); por ello, si continuamos proyectando políticas y viviendas que reproducen discursos totalizantes, las posibilidades de acción dentro de ellas seguirán siendo las mismas, al igual que lxs protagonistas.

Este reconocimiento en el diseño de su propia capacidad de ampliar el espectro de formas posibles de ser, a través de los cuerpos, espacios y materialidades, implica que el desarrollo de nuevos modos de habitación será nuestro imperativo, pues, como hemos visto, los actuales imaginarios no han sabido dar lugar a otras posibilidades. Los nuevos abordajes requerirán un desplazamiento, más allá de los mundos reducidos por la experiencia moderna, hacia los márgenes de las epistemes, hacia mundos de lucha y resistencias. Estos espacios ilustran novedosos escenarios de vivencia democrática, potencialmente emancipadores (6), como así también la posibilidad de articular con otras formas de autoorganización, “sin atarse mecánicamente al derecho estatal, ni a la forma organizativa partidaria que regulan, casi indefectiblemente, la representación política” (Navarro, 2019, pg. 129).

Entonces, resultará importante analizar la dimensión política de las luchas por lo común en clave de cómo aparecen, como un terreno profundamente relevante, el cuerpo y las emociones. Los comunes no podrían ser lo que son sin las relaciones sociales que las producen, sin las prácticas organizativas que les dan cotidianamente forma y que producen tales bienes en calidad de comunes (Linsalata, 2019). Por tanto, es importante entender que estas prácticas y dispositivos serán fluidos, en las que sus términos se verán constantemente redefinidos en reiteradas acciones de deliberación para garantizar la reproducción colectiva (Gutiérrez Aguilar; Salazar Lohman, 2019). Todo ello dentro de un perímetro donde se establecen vínculos diferentes a los que suceden por fuera, lo que le otorga sus características propias.

El desafío final será, entonces, construir relaciones entre estos comunes, conectando las luchas por lo público con aquéllas por la construcción de lo común, de modo que puedan fortalecerse unas a otras. Esto no es algo dado, sino que sus fronteras requerirán ser exploradas mediante lazos de solidaridad, a través de narrativas y prácticas de reconciliación que le den forma y carácter a esos bordes, pues la comunidad existe tanto en el momento de compartir la alegría como de sobrellevar el dolor (Zibechi, 2019). Esta factualización de alternativas es un arma de lucha dirigida a convencer al Estado y a la sociedad civil de la posibilidad de hacer, organizar, dirigir y vivir las cosas de otro modo, trazando potencialmente las condiciones para una expansión de las formas autónomas y colectivas de gobierno (Tello, 2018). Lo que está en juego entonces no es sólo cómo son las cosas, sino cómo podrían ser.

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