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LAHAS y la experiencia de hacer ciudad desde los espacios de colaboración

El Laboratorio Hábitat Social Participación y Género (LAHAS) perteneciente a la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es un espacio multidisciplinario para reflexionar y generar procesos que contribuyan a la construcción de una ciudad feminista, incluyente, solidaria y humana. Basado en esta experiencia, el texto aporta algunas pautas metodológicas para llevar a cabo proyectos urbano-arquitectónicos que integren en todas sus etapas la perspectiva de género, a partir del despliegue de estrategias de colaboración que involucren distintos actores, dimensiones y escalas.

Introducción

Desde hace una década, el Laboratorio Hábitat Social, Participación y Género (LAHAS), programa de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, se perfila como un espacio de producción y aplicación colectiva de conocimiento sobre la ciudad. Vincula diferentes disciplinas con el objetivo de generar miradas y formas de hacer en coherencia con las características y aspiraciones reales de los grupos que conforman un territorio determinado.

Para lograrlo, el Laboratorio despliega proyectos de Investigación Acción, Participativa (IAP), enfoque que busca la valoración del conocimiento popular y el diálogo continuo entre la reflexión teórica y lo empírico para transformar una realidad específica. Lo participativo y pedagógico ha permitido la integración de la perspectiva de género, en las diferentes etapas que componen el proyecto y lleva inmersa la pretensión de motivar procesos de concientización y transformación social.

Es con estas premisas que las actividades en LAHAS se han desarrollado. Un trabajo en conjunto que involucra conocimientos diversos y que a lo largo de su experiencia en comunidades urbanas ha podido articular investigaciones participativas, propuestas adaptadas y formas de colaboración incluyentes.

Basado en estas experiencias, el presente texto aporta algunas pautas metodológicas para llevar a cabo proyectos urbano-arquitectónicos que busquen integrar la perspectiva de género, a partir de la puesta en marcha de técnicas participativas y pedagógicas. El artículo enfatiza la aportación de estos componentes en el estudio, la planeación y gestión del espacio urbano, como una posibilidad de involucrar voces diversas a los ámbitos de decisión locales.

Finalmente, con los testimonios de los colaboradores, se reflexiona sobre cómo ha impactado su estancia en el laboratorio en su vida profesional, personal y en la forma en la que ahora observan la ciudad. Sus testimonios muestran la potencialidad que existe en las plataformas que vinculan estudiantes- comunidad, debido a que su funcionamiento exploratorio, posibilita la convergencia de saberes, el pensamiento crítico y la acción.

¿Qué es LAHAS?

El Laboratorio Hábitat Social Participación y Género programa perteneciente a la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es un espacio multidisciplinario para reflexionar y generar procesos que contribuyan a la construcción de una ciudad incluyente, con perspectiva de género, solidaria y humana.

Busca accionar proyectos basados en el intercambio de información y la producción participativa de conocimiento. Para hacerlo posible, crea y aplica metodologías adaptadas que pueden ser punto de referencia para ejercicios similares próximos.

Las actividades del Laboratorio se estructuran en tres ejes que articulados entre sí, pretenden una organización horizontal apoyada en la participación activa de sus integrantes. Con estos ejes, se desarrollan y fortalecen capacidades en ámbitos diversos; por tal motivo, el trabajo multidisciplinario y con distintos actores es indispensable. Lo es de igual forma la vinculación entre dimensiones y problemáticas abordadas en las actividades, para conformar una visión global, integradora y social de la ciudad.

Desde sus inicios, la Arquitecta Lourdes García (1), fundadora y coordinadora general del Laboratorio menciona que se pretende tejer una visión particular para cooperar con las personas. Una visión que motive a reencontrase con su hábitat y se oriente hacia una interacción armónica y de no violencia en su espacio cotidiano. Es decir, implementar metodologías para abarcar la diversidad y particularidades de territorios específicos (García, 2012).

Para lograr lo anterior, el Laboratorio involucra dos elementos esenciales; el enfoque situado y la participación comunitaria. El primero, es una noción clave para la tradición feminista. Se refiere a una toma de conciencia por parte del sujeto sobre su posición concreta en el mundo. Esta toma de conciencia deriva en interés y conocimiento de aquellas condiciones que definen su entorno inmediato. Lo que concientizará la orientación de sus decisiones, habilitándose en el emprendimiento de acciones.

El conocimiento situado plantea la premisa de generar conocimiento a partir de la subjetividad y praxis y no sólo desde la teórica objetividad académica, por lo tanto reconoce que el conocimiento es un bien común.

Por su parte, la participación comunitaria contempla la toma en consideración de la experiencia de los propios habitantes a la hora de determinar las características de un proyecto y las distintas operaciones involucradas en este.

En este sentido, los estudiantes dentro del Laboratorio cuentan con un acercamiento a situaciones reales cuya forma de cooperación se basa en un contexto social determinado. Específicamente, la información sobre las problemáticas de género identificadas en las comunidades, se construye con las experiencias subjetivas de las personas, recursos compartidos y prácticas sociales comunes. Asimismo, se toma en cuenta -además de las características del espacio físico- la actividad social y de ocio, los actores relevantes del territorio, los elementos y dinámicas del entorno y la cultura donde tiene lugar.

Con estos elementos, LAHAS emprende proyectos desde una perspectiva integral que pueden enriquecer y transformar los procesos educativos universitarios, abriendo a su vez nuevas potencialidades para la investigación. De esta forma, se facilita el abordaje de temas que conformen una mirada inclusiva, que entienden a la ciudad como una manifestación ampliada y en donde las intervenciones realizadas no solo deben aludir a aspectos estéticos, materiales o morfológicos, sino asegurar, también, la consolidación de los vínculos afectivos que constituyen la vida en comunidad, por lo que la perspectiva feminista es imprescindible.

Lourdes García, menciona en la entrevista que:

esto plantea un conjunto de desafíos y tensiones que abarcan desde el papel docente, la organización curricular, la evaluación de aprendizajes, la relación teoría-práctica y las oportunidades de transformación institucional que brinda la profundización del diálogo entre universidad y sociedad(2).

La Investigación Acción Participativa y la dimensión del género

La IAP es un método de gran aportación que nos permite profundizar en el conocimiento y generar respuestas concretas a problemáticas que se plantean los participantes del proyecto. Miguel Martínez (2009, p. 28) afirma que:

El método de la investigación-acción tan modesto en sus apariencias, esconde e implica una nueva visión de hombre y de la ciencia, más que un proceso con diferentes técnicas.

De ahí la necesidad de crear oportunidades para la escucha y validación de diversos saberes en la construcción de conocimiento. En este sentido, el camino investigativo se orienta a la creación y producción colectiva de información, lo que permite motivar la concientización de problemáticas y la reivindicación del sujeto como ser transformador de sus espacios de vida (3), (Acselard, 2008).

Este proceso emancipador, requiere atender desde una perspectiva feminista, las desigualdades de género. Específicamente aquellas relacionadas con lo urbano. Asimismo, impulsa estratégicamente la participación de las mujeres para dar cabida a las voces de las que no son escuchadas. Sobre esta base, concientizar sobre las violencias y desigualdades e identificar alternativas de cambio. Es así que la articulación con la experiencia de las mujeres es crucial en tanto nos permite visibilizar las condiciones de las personas en su comunidad. (Lugones y Spelman, 1983 citado en Delgado, 2012: 201).

La diversidad encontrada en los testimonios de las mujeres nos muestra un amplio panorama que evita la universalización. María Mies (1983) considera la experiencia – hablando de la vida de las mujeres- más allá de un momento específico, tomamos en cuenta una suma de vivencias, por las cuales las personas pasan para construir y producir sus vidas, mostrando de esa forma, sus realidades y biografías colectivas.

La IAP es en sí misma un pretexto para generar dinámicas participativas que perduren en el tiempo. La creación de nuevas relaciones entre vecinos y vecinas participantes; quienes ven representada su singularidad, orientan de forma complementaria la gestión de otros problemas que van más allá del proyecto inicial, lo que aporta a la sostenibilidad y metas a más largo alcance.

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