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Laboratorio de género y urbanismo. Iniciativas por el derecho a la ciudad

En cambio, cuando indagamos en las franjas horarias de los usos de esos espacios o en la exposición de motivos por los que no usan los mismos, las diferencias son más sustantivas. En el caso de las mujeres argumentan entre otras cosas: inseguridad, miedo al acoso o al robo, escasa disponibilidad de servicios, escasez de tiempo.

El cuerpo, en relación a las otras dimensiones para una política del lugar, (Vargas, 2006) es espacio de placer y sufrimiento y actúa como mediador de las experiencias de relaciones sociales y culturales vividas. El cuerpo de las mujeres es también donde se manifiesta la opresión o la atención en función de su vulnerabilidad. Esa experiencia fue puesta a discusión en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo con la pregunta sobre ¿qué nos decían estos cuerpos en el espacio público de la FAU? Ello a los fines de visibilizar las situaciones a las que se exponen lxs diferentes sujetxs (8).

El reconocimiento del espacio cotidiano como espacio para la experimentación, implicó el desarrollo de una serie de actividades en el predio universitario orientadas a: identificar desde la experiencia de género elementos de la red cotidiana de estudiantes y trabajadores; reconocer problemáticas, oportunidades, características de los espacios de relación, equipamientos y recorridos; recuperar el espacio de lo público como espacio de expresión y construcción de valores ciudadanos.

Por otra parte, en articulación con el Área de la Mujer de la Comuna de San Pablo (Tucumán) se realizaron capacitaciones y sensibilizaciones sobre ciudades seguras (Falú, Segovia, 2007). Caminatas de reconocimiento y mapeos colectivos contribuyeron a la identificación de elementos y a la construcción de conocimiento sobre estos procesos, a partir de iniciativas latinoamericanas sobre Ciudades Seguras para las Mujeres (Rainero, 2006).

¿Cuáles son las posibilidades de las mujeres de acceder a los espacios de la ciudad? ¿Cuál es la posibilidad de transitar sin problemas por el espacio público respecto de la violencia, del acoso callejero?

A partir de las cualidades propuestas por otros colectivos de mujeres arquitectas para el reconocimiento del espacio urbano desde una perspectiva de género (Ciocoletto, 2014), en particular respecto de la autonomía y la representatividad nos planteamos algunos desafíos. ¿Cuán autónomamente podemos movernos por la ciudad? ¿Cuán representadas nos encontramos las mujeres en la ciudad? Respecto a esta dimensión, en San Miguel de Tucumán, el 2% de las calles tienen nombre de mujeres. El callejero es también un marcador temporal con varias dimensiones. El protagonismo en los nombres de las calles, lo tienen los varones. Allí aparecen características puntuales de los estereotipos masculinos y femeninos dentro de un sistema de dominación masculina. Además, ¿qué imágenes de las mujeres proyecta la ciudad? ¿Y cuáles esconde? Estas observaciones fueron abordadas a partir del análisis de casos, definiendo sectores en articulación con los proyectos en curso. El análisis de las cualidades urbanas permite visualizar desde las vivencias de género, las condiciones del entorno, a partir de la realización de recorridos de reconocimiento, entrevistas y encuestas. Por otra parte, la producción de cartografía social que aporta al papel de observatorio urbano y se conforma como un instrumento metodológico útil a las políticas públicas y a la planificación urbana (9).

¿Qué representaciones encontramos sobre las mujeres en el espacio público? ¿Qué mensajes y símbolos se utilizan en la ciudad? ¿Qué prácticas actitudinales y comunicativas reafirman o se distancian de los estereotipos de identidad y de las jerarquías de género?

Diversas actividades de participación en los procesos de movilización social, considerando por un lado, las violencias que se expresan particularmente sobre el cuerpo de las mujeres y los cuerpos disidentes y por otro, la expresión de sujetos emergentes, en particular del movimiento de mujeres, en el espacio público.

El 8 de Marzo, como fecha de visibilización y demanda de derechos, se posicionó como un espacio donde la discusión sobre el derecho de las mujeres a la ciudad. En ese marco, algunas iniciativas, implicaron un itinerario a pie en la Plaza Urquiza (punto de partida de la marcha) para reconocer desde las vivencias de género las condiciones del entorno, recuperar el espacio público como espacio para la expresión y construcción de valores ciudadanos y reflexionar sobre el papel de la planificación de la ciudad y los espacios como facilitadores u obstaculizadores del acceso a derechos (10).

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