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Laboratorio de género y urbanismo. Iniciativas por el derecho a la ciudad

Experiencias

Desde el 2017 se desarrolla la Asignatura Electiva Mujeres, Género y Hábitat: ciudad+derechos+inclusión (5), en el área de Proyecto y Planeamiento de la Carrera de Arquitectura (Plan 2008) y como parte de una propuesta de trayectoria disciplinar. Este ejercicio docente se propone dotar de instrumentos en torno a los desafíos de la incorporación del género como categoría conceptual, analítica y prospectiva en el marco de los nuevos problemas y requerimientos del urbanismo y la Nueva Agenda Urbana.

Introducir en los problemas teóricos y metodológicos respecto de la articulación entre género, espacio y hábitat, con claves de comprensión y análisis de la producción socioespacial y epistemologías feministas que permitan comprender las lógicas materializadas en el espacio de la ciudad y responder desde una postura crítica a los desafíos disciplinares que demanda el siglo XXI, ha supuesto incorporar la discusión sobre nuevos paradigmas disciplinares.

La ciudad no es neutra, expresa relaciones de poder y de género. Las desigualdades se evidencian en múltiples escalas y la exclusión es material, subjetiva y simbólica. A partir de visibilizarlas, se buscó interpelar también la actividad profesional de la arquitectura y el urbanismo para dar respuesta a ellas desde el campo académico y de construcción de conocimiento.

Una de las dimensiones abordadas se refiere al equipamiento con que cuentan las ciudades para el desarrollo de las actividades cotidianas que desarrollan principalmente las mujeres como son el cuidado de otras personas y los quehaceres del hogar (Falú, 2019). ¿Quiénes cuidan en la ciudad? Aunque nos encontramos ante procesos y dinámicas culturales en continua modificación, estudios realizados en el país, la provincia de Tucumán y el espacio metropolitano, dan cuenta de una mayor concentración del tiempo dedicado al trabajo no remunerado en las mujeres (Czytajlo, 2017). ¿Cuán próximos se encuentran los servicios y equipamientos para la vida cotidiana? ¿El espacio público tiene condiciones adecuadas para movilizarse con personas a cargo?

Algunos ejercicios didácticos en articulación con otras iniciativas locales, buscaron, partir de la experimentación vivencial, reflexionar sobre problemáticas y respuestas sobre el cuidado en la ciudad, con el desarrollo de caminatas grupales (6). El paradigma de la ciudad cuidadora hace referencia a ciudades que nos cuiden, que cuiden el entorno, nos dejen cuidarnos y permita cuidar de otras personas (Valdivia, 2018). Ciudades cuidadoras son aquellas en la que las necesidades de todos las personas de esa comunidad «se reconocen y se atienden», el bienestar de toda la comunidad «es una prioridad», y todas las personas y los seres vivos «son tratados con respeto, especialmente los más frágiles y vulnerables». Registros y mapeos se realizaron en diferentes espacios públicos del área metropolitana (6).

Según Muxí (2006) la ciudad se planifica mayoritariamente para un hombre tipo, de mediana edad, en plenas condiciones físicas, con trabajo estable. La política del tiempo y los horarios es otra complicación. Compaginar horarios de actividades escolares y extraescolares y un trabajo en la esfera productiva requiere un gran esfuerzo cuando no la claudicación de las propias aspiraciones personales y profesionales de las mujeres. Las mujeres reclaman una ciudad compleja y de proximidad, con buen transporte público y en espacios públicos seguros que permitan elegir en libertad el uso que hacemos de ella. El ordenamiento y la planificación de la ciudad y el territorio, así como la calidad de los espacios públicos, influyen directamente en el acceso o exclusión de las personas a lugares de empleo, espacios de recreación y movilidad. Pensar en el hábitat incorporando la categoría género implica entonces, pensar en la vivienda en relación a equipamientos y servicios que permitan conciliar esas diferentes actividades considerando su localización en el espacio y en relación a los tiempos que posibilitan.

La proximidad tiene que ver con la movilidad. Las mujeres se mueven mayoritariamente a pie y en ómnibus, en transporte público (PTUMA, 2011). ¿Cuáles son las condiciones de cobertura territorial? ¿Cómo impacta en el acceso real a las ofertas urbanas y a la vida urbana? (7)

En la franja etaria más joven, se advierten menos desigualdades entre quienes reconocen un mayor uso del espacio público.

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