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Intersubjetividad en las prácticas proyectuales. Extensión, interdisciplina y territorio.

3. Descripción de las interacciones

Describiremos las acciones que sustentan la construcción de tres artefactos premoldeados en hormigón para el mejoramiento del espacio público de un sector de las villas 21 y 24 de Barracas; a saber: baldosas drenantes para pasillos inundables, luminarias para pasillos que permiten organizar el cableado y un sello-rayuela flexible para estampar en las carpetas de hormigón de los mismos pasillos. Estos artefactos son la materialización de una serie de acciones gestionadas en colaboración entre grupos  de actores diversos.

3.1. Contexto e inicio del proyecto

El proyecto inicia con el interés de dos docentes investigadores de fomentar una actividad interdisciplinaria que vincule a estudiantes de las carreras de diseño industrial y arquitectura en un trabajo conjunto en el marco de la mesa por la urbanización de las villas 21 y 24 de Barracas; espacio del cual los integrantes del área arquitectónica ya participaban con anterioridad. La finalidad fue llevar a cabo un proyecto participativo que  pudiera ser materializado en tu totalidad, para la generación de insumos premoldeados en hormigón, con posibilidades de que se continuase la producción e instalación en el barrio a manos de los vecinos. Esto suponía la posibilidad de identificar y resolver mejoras para el espacio público del barrio, desarrollar el proyecto y –especialmente- las herramientas y tecnologías con las cuales se llevara a cabo dicha mejora. Después de definidas algunas características respecto a la modalidad de trabajo posible, se convocó a los participantes estudiantes. Comenzaremos describiendo algunas características emergentes de la acción interdisciplinaria para luego adentrarnos en el escenario particular donde se da la co-construcción de tecnología y la interacción con los actores territoriales.

El equipo de trabajo de FADU en este proyecto contaba con extensionistas de ambas disciplinas -diseño industrial y arquitectura- alumnos de las carreras de grado. En el caso de los diseñadores industriales eran  seis alumnos de segundo año; de arquitectura, cinco alumnos de cuarto o quinto año. En ambos casos se contó con la presencia tanto de hombres como de mujeres. Todos ellos se encontraban rondando los 25 años de edad y provenían de familias de sectores medios. Los alumnos de diseño industrial pertenecían a una cátedra –taller de diseño- del turno mañana; los de arquitectura, del turno noche. Esta última cuestión generó dificultades desde un comienzo respecto a los horarios de encuentro.

La coordinación del proyecto también fue llevada a cabo por docentes investigadores de ambas disciplinas: un arquitecto y una diseñadora industrial. Vale destacar que tanto los extensionistas como los docentes investigadores del área de arquitectura habían realizado el año anterior un trabajo en cátedra sobre el mismo barrio (villas 21 y 24) de un cuatrimestre de duración. Durante ese trayecto habían concurrido en varias oportunidades al barrio, a las asambleas y participado de la mesa por la urbanización; en ese entonces, la mesa contaba con amplia participación vecinal -reuniones de aproximadamente cien personas- y representatividad de las distintos sectores dentro del barrio. En cambio, los participantes del área de diseño industrial se encontraban con la problemática por primera vez.

Inicialmente las actividades se realizaron en FADU, a mediados del primer cuatrimestre del año 2013, sólo con la presencia de extensionistas y la coordinación con el fin construir de forma conjunta la propuesta a desarrollar en el territorio. Se llevaron a cabo una serie de reuniones quincenales de dos horas de duración cada una en las instalaciones del Instituto de la Espacialidad Humana (IEHu), lugar de trabajo de los docentes coordinadores, contando con instalaciones preparadas para utilizar proyectores, computadoras, etc. Durante la primera reunión se expusieron los objetivos iniciales y se generó un espacio abierto a las expectativas de los participantes. De allí surgieron algunos interrogantes por parte de los extensionistas: cuáles serían los productos a diseñar, cómo definirían sus características, qué rol cumplirían los estudiantes de arquitectura respecto al diseño de productos, cómo se desarrollaría la participación de los vecinos del barrio, cuándo serían las primeras visitas, entre otras. Los coordinadores conocían parcialmente las respuestas pero fue en los distintos momentos de debate y reflexión de las reuniones subsiguientes en las que los mismos extensionistas pudieron comprenderlas. En este caso, a diferencia de la práctica en taller vinculada al desarrollo de un proyecto cuyo programa es establecido de antemano, debían trabajar con algunas incertidumbres que se esclarecerían a lo largo del desarrollo, especialmente durante la tarea de construir conjuntamente dicho programa.

Durante las reuniones se trabajó analizando información acerca del contexto socio espacial y una primera detección de situaciones no resueltas respecto a las condiciones de habitabilidad del barrio. Cada uno de los participantes traía, además, su experiencia personal acerca del hábitat popular a los debates: mitos, prejuicios y preconceptos difusos que eran puestos en común. Los coordinadores sugirieron lecturas y ampliaron algunos contenidos para ir preparando a los extensionistas para la interacción con los vecinos. Vale decir que la experiencia previa de los estudiantes de arquitectura hacia notoria diferencia en su forma de pensar acerca del hábitat popular, menos ingenua; aunque aún se mostraban incómodos por el interrogante de “qué rol” debían cumplir respecto al futuro diseño de insumos y herramientas.

3.2. La construcción del problema a resolver

Se dio formato gráfico a la información acerca de los potenciales problemas a resolver en el espacio público del barrio, con ello los coordinadores y algunos de los extensionistas se presentaron en una reunión de la mesa por la urbanización y al finalizar la asamblea se reunieron con los referentes interesados en el proyecto. Una vez puesta en común la iniciativa -que si bien ya se conocía verbalmente- los vecinos se mostraron abiertos a participar y colaborar con el desarrollo. Quedó definido que el espacio a intervenir con los insumos que se produjeran serían los pasillos y se expusieron algunos intereses particulares que coincidían con las problemáticas propuestas: los inundación de los pasillos, la falta de iluminación y tendido eléctrico desorganizado en pasillos, los niños y el espacio de juego comunitario muchas veces inexistente o degradado.

Con esta información fue posible comenzar a esbozar potenciales artefactos que pudieran ser construidos con una materialidad conocida por los vecinos como es el hormigón pero con la incorporación de moldería que permitieran un incremento en el conocimiento de la técnica tanto para extensionistas como para los vecinos suponiendo, además, una capacidad de reproducción de piezas relativamente alta. Esta generación de acuerdos acerca de la problemática a tratar, el funcionamiento que debían tener los artefactos, la elección de la tecnología se fue construyendo paulatinamente. Se comenzaron a desarrollar en paralelo distintos bocetos sobre las temáticas específicas seleccionadas, para ello se decidió organizar subgrupos de trabajo proyectual que contaran con representantes de ambas disciplinas. Este hecho logró romper, en parte, con la separación intangible que había entre ambos –incluso la disposición espacial espontánea al inicio del proyecto era por grupos disciplinares- y se comenzó a percibir una nueva configuración del grupo; ahora cada subgrupo era interpelado por los demás bajo el nombre de la temática que representaba. Además, se logró sortear parcialmente el interrogante acerca del rol de los arquitectos ya que se resolvía hacia el interior de cada equipo de trabajo, con los recursos de cada uno en su situación concreta.

Con esta nueva disposición se desarrolló en profundidad una serie de propuestas más acabada y en detalle algunos productos como: luminarias, parrillas, baldosas y pisos drenantes, juegos de plaza bidimensionales, jardines horizontales, entre otros. Fue en este momento en el que se conoció la aprobación de un proyecto de extensión subsidiado por la UBA presentado por los coordinadores un año antes con la finalidad de solventar los gastos de la producción de los moldes y una primera serie de los insumos que se encontraban en proceso de desarrollo. Esta noticia generó gran motivación tanto en extensionistas como en los representantes de la mesa ya que significaba la posibilidad de concretar al menos prototipos y una pequeña serie.

En todo momento, pero especialmente en esta etapa, los extensionistas mostraban muchísimo interés en entrar al barrio, caminar, intentar ver la realidad cotidiana de los vecinos con sus propios ojos. Si bien al principio los coordinadores decidieron no hacerlo para preparar al grupo y afianzar la propuesta antes de comenzar a hacer la vinculación con los vecinos; los intentos en esta etapa para generar reuniones, visitas y jornadas de trabajo en el barrio se vieron dificultados. Los participantes más activos de la mesa -con los que se tenía contacto- se encontraban con serias dificultades para pautar y sostener las fechas programadas debido a un emergente: el inminente desalojo de varias familias del barrio ubicadas sobre la franja lindera al Riachuelo. Además, la constitución política de la mesa –en ese entonces- se veía representada parcialmente, siendo difícil el acceso a actividades propias de la mesa en la cual sumar al equipo de la universidad. Es decir, no existía una agenda propia de la mesa –desarrollo de actividades a las cuales pudieran sumarse los coordinadores y extensionistas- que permitiera un acercamiento informal. Solamente se tenía acceso a las reuniones mensuales en las cuales existía un orden del día pautado y una operatoria de asamblea donde difícilmente podía desarrollarse interacciones, simplemente observación. A su vez, la periodicidad mensual fue mermando en la medida en que se fueron suspendiendo algunas de las reuniones por motivos relacionados con el momento político del barrio y las actividades de algunos de sus habitantes más activos.

Esta circunstancia hizo imposible el encuentro hasta pasado el receso de invierno -que también sumó complicaciones a la hora de definir fechas entre los participantes- dejando el proyecto en suspenso por casi dos meses, ya que era necesario para los extensionistas revisar junto a los vecinos las hipótesis proyectuales que se encontraban desarrollando antes de poder continuar. Si bien había habido demostraciones de mucho interés de parte de todos los involucrados, el problema emergente no permitía la dedicación necesaria para resolver el proyecto en los tiempos contemplados. Entrado el segundo cuatrimestre se pudo retomar la vinculación.

Una vez logrado el primer encuentro en el barrio, que incluyó una recorrida -de aproximadamente dos horas- por el mismo y charla con distintos referentes de organizaciones vecinales, se pautaron las siguientes instancias de trabajo conjunto. La reunión se realizó un día sábado, los referentes vecinales habían organizado el almuerzo en un comedor vecinal que permitió un momento distendido del grupo que rondaba en total las treinta personas, entre extensionistas, referentes, coordinadores e invitados. Entre los referentes barriales también se contaba con la presencia de un colaborador de la mesa por la urbanización pero que no pertenece al barrio, que proviene del ámbito académico -con formación en el área de antropología- de unos cincuenta y cinco años de edad y que es muy querido por los vecinos por las gestiones que ha conseguido realizar desde que los acompaña. El mismo ha sido, desde un principio, la vinculación directa con la FADU y mediado en los acuerdos en torno a las jornadas a realizarse.

Entre los vecinos participantes activos de la recorrida por el barrio, tanto como de la mesa por la urbanización se encuentran cinco personas que se destacan por su interés y participación el proyecto de co-construcción desarrollado: un delegado de la junta vecinal y cuatro vecinos alumnos y ex alumnos del bachillerato popular que han aportado conocimientos en el área de herrería y construcción arquitectónica. Todos viven hace décadas en el barrio y rondan los cincuenta años de edad.

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