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El espacio en las voces de la vida cotidiana.El caso de las promotoras de hábitat saludable de Ciudad Evita

El espacio personal es político

El espacio es configurado y configurante de las prácticas sociales. Las desiguales condiciones físicas del espacio urbano, entrelazadas con las responsabilidades que las mujeres asumen en la desigual división sexual del trabajo, conforman una compleja trama de dificultades y resoluciones.

La perspectiva de la interseccionalidad en la observación del espacio cotidiano nos permite leer en relación las desigualdades. Esta mirada es estructural para el desarrollo de propuestas arquitectónicas que aborden los problemas sociales que se espacializan en los barrios populares. El recorrido realizado por las “VOCES DE LA VIDA COTIDIANA” da cuenta de ello. En ese sentido, el espacio, entendido como un conjunto indisoluble de sistemas de acciones y sistemas de objetos (Santos, 1996) donde transcurre la vida cotidiana, es político.

En el análisis de la distribución y organización del espacio pudimos ver la falta de lugar para los objetos en la vivienda y los conflictos que conllevan. Mientras los objetos no tienen sitio de guardado ocupan un lugar cuando no están en uso, obstaculizando el desarrollo de otras actividades que requieren de otros objetos o de la ausencia de los mismos.

Los objetos van de un lugar a otro; es decir, se llevan y se traen. Con estos ejemplos puede verse en una escala la relación espacio-temporal que se halla en las acciones y la importancia que tiene su lectura para problematizar sobre la vivienda.

La característica de los objetos, a su vez, impacta en el entorno. En situaciones de escasez de recursos económicos, como es frecuente en los barrios populares, los objetos que se acumulan muchas veces no resuelven eficazmente el problema. Las características no se definen en relación a la necesidad, sino que vienen dadas por lo “que se consiguió”. A esta situación se le suma el hecho de que se acumulan objetos que no se necesitan actualmente, pero se retienen por precaución o para intercambiar.

Respecto de la técnica, en las acciones que se realizan para resolver los problemas, hemos identificado formas de organización entre las personas que se ven obligadas a salirse de lo instituido y restituyen los movimientos conocidos en nuevas formas de gestión cotidiana, como en el caso de la gestión de los residuos, acordando entre los vecinos que separan basura para que pasen por las casas a retirarlas según el tipo, los acuerdos entre grupos de madres para imprimir las tareas, los arreglos para salir a comprar al mercado central y economizar el viaje, etc. Estas acciones, leídas en el proceso productivo en el que se inscriben, nos muestran el desigual desgaste de las personas que al mismo tiempo conlleva. El desigual acceso a los servicios, la desigual valoración del trabajo humano y las desiguales responsabilidades según género se materializan también en el mayor esfuerzo humano que la población imprime en el territorio para transformarlo y acercarlo a sus necesidades.

Finalmente, para avanzar hacia procesos democráticos con resultados que redunden en el “Derecho a la ciudad” (Lefebvre, 1978), resulta fundamental abordar críticamente la transformación del espacio, las prácticas sociales y las reglas sociales en relación. Esto debe hacerse mediante un abordaje crítico sobre la distribución y organización del espacio, la técnica y las formas sociales de organización que se desarrollan frente a las necesidades.

Se ha transitado el espacio privado, hecho que redunda en un compromiso público frente a la desigualdad expuesta y las formas de producción urbana que la producen y reproducen. Lo teorizado en este escrito es inseparable de una experiencia arquitectónica que tiene sentido en el proceso histórico que cada protagonista de los espacios transitados puso en juego.

Por todo lo expuesto, finalizamos con la invitación a restituir el lema feminista “lo personal es político” y profundizar con mirada crítica en la práctica cotidiana, supuestamente conocida, para descubrir las reglas sociales que sostenemos junto con las formas espaciales que definimos les arquitectes.

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