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El diseño social en perspectiva latinoamericana

Lo tecnocientífico después de 1970

El desarrollo científico del período posterior a la Segunda Guerra Mundial y los cambios socio-técnicos en el marco de la información y comunicación también impactaron fuertemente en el continente americano. El lugar signado a Latinoamérica en el contexto de una creciente dependencia tecnológica se rubricará e intensificará en la contemporaneidad. El cambio sociopolítico de carácter ortodoxo amplió la brecha tecnocientífica entre nuestro territorio y los países de mayor índice de desarrollo en este campo. Se refuerza la consideración del rubro como gasto y con carácter no prioritario. La concepción tecnológica neutral del compendio sociopolítico aplicado en Latinoamérica redefine la tecnología como un factor externo de la vida cultural del continente que puede comprarse y utilizarse. La renovación de la infraestructura productiva sucede en términos cada vez más inclinados a la adopción o transferencia, con una magra vinculación, en las redes y agentes inter-institucionales, entre el tejido científico tecnológico y el sistema socio-productivo. Este panorama, como casi cualquier otro, posee matices o contradicciones en términos de casos y sectores que no se pliegan a estos lineamientos generales; entre ellos, y tal vez entre los más importantes en el marco nacional argentino, encontramos el proceso del compendio tecnológico de la energía nuclear.

Este contexto, que predomina en el período contemporáneo tiene sus discordancias: en los primeros momentos de la década de 1970 se verificaban importantes debates acerca del rol de la tecnología que se visualizan en el continente. Miradas divergentes, acciones en el campo de la autonomía tecnológica, son parte del desarrollo latinoamericano de inicios del periodo (Varsasky 1969, Herrera 1973). Las mismas se retroalimentan de otras experiencias históricas y también presentes, como las de aquellos países centroamericanos que, en la búsqueda de independencia tecnológica, estudiaban dificultades de implementación sumamente concretas. Entre tanto, se mencionaba la experiencia de América Central: “Fue un disparate apurarse tanto con la industrialización. Quisimos sustituir todas las importaciones de golpe por la vía de la fabricación de productos terminados y no vimos las complicaciones enormes que trae la importación de productos intermedios” (Ernesto Guevara en O’Donnell 2012: 269). Asimismo, se polemizaba con la concepción neutral: “en los países en vías de desarrollo, la tecnología se convierte en un factor exógeno… Cuando se importa tecnologías se importan modelos culturales —modos de hacer, valores, sistemas de relaciones humanas, etc.— de cuya creación no participan.” (Herrera 1973: 58-70). Por entonces Argentina se vuelve un actor central en ese debate. La Fundación Bariloche (21) y los textos acerca de “estilos de desarrollo” acompañan, entre otros, la construcción acerca de la necesidad de una autonomía tecnológica y ponen un fuerte acento en la mirada socio política alternativa por la generación de estrategias de desarrollo no imitativas de los procesos de países llamados desarrollados. La profundidad de su acción aporta, entre otras cosas, el “Modelo Mundial Latinoamericano” (1972-1975), intentado generar una mirada alternativa al desarrollo propuesto por los modelos economicistas, incluyendo esferas sociales subjetivas en los procesos y también las iniciativas para llegar a esa transformación (Aguilar 2016: 128). Dentro de tal construcción, en conjunto con el posicionamiento del movimiento moderno, se desarrolla una fuerte crítica a la matriz de consumo que llega al discurso político del período: “La modificación de las estructuras sociales y productivas en el mundo implica que el lucro y el despilfarro no pueden seguir siendo el motor básico de sociedad alguna. En otras palabras, necesitamos nuevos modelos de producción, consumo, organización y desarrollo tecnológico que, al mismo tiempo, den prioridad a la satisfacción de las necesidades esenciales del ser humano, racionar el consumo de recursos naturales, disminución al mínimo posible de la contaminación ambiental.”(22)

Con la interrupción del orden democrático en 1976 estas corrientes de pensamiento y su porosidad con la gestión estatal van perdiendo espacio sociopolítico en Argentina y también el continente, posicionando como discurso oficial la concepción neutral, con una cuasi irrestricta apertura técnica y una consecuente disminución de la masa crítica de científicos y tecnólogos y, por ende, un retraimiento en la capacidad local de generación de conocimientos socio-productivo. Contexto y lugar que el continente aún hoy continúa discutiendo, aunque cada vez con menor capacidad de elección.

La revisión latinoamericana de lo social en los diseños bajo las perspectivas sociopolítica y tecnológica contemporáneas

Como referimos en términos generales en el apartado anterior, el comportamiento disciplinar contemporáneo reacciona sobre el nuevo contexto sociopolítico mundial en clave de las particularidades del territorio. También mencionamos que se inicia un período en el que se verifican nuevos contrastes. Se observa un marcado incremento de la atención hacia los diseños desde las dinámicas de consumo y los mercados. También se inaugura una etapa con bases conceptuales alejadas de la mirada mercantilizada con fuerte atención hacia actores excluidos de los programas tradicionales de acción proyectual como señala, por ejemplo, el interés por las capacidades diferentes. El contexto social latinoamericano acompaña esas tensiones disciplinares de origen internacional imprimiendo —o no— un acervo local. Se retoman los discursos construidos y en construcción, y se generan praxis en ese sentido. Ejemplo de la atención hacia sectores poblacionales excluidos de los programas de diseño son las acciones de algunas instituciones como, por ejemplo, el Centro de Investigación Barreras Arquitectónicas, Urbanísticas y en el Transporte (CIBAUT) que se crea en 1980 en el marco de la UBA (23) y, con anterioridad, el CIDI (1963), en algunos de cuyos programas para la década de 1980, se verifica su preocupación por las temáticas de accesibilidad que también el clima de época componía.

Por entonces se intensifica el interés en torno a la acción mercantil de las disciplinas proyectuales que, dadas las características del tejido productivo territorial, se desarrolla en forma heterogénea a partir del esfuerzo de sectores específicos y actores disciplinares que hacen punta en la inserción.
La estructura institucionalizada de la disciplina en el proceso de adopción de las bases de los diseños —en particular, la del diseño industrial— en términos de importación de componentes tecnológicos, reproducen el enfoque distorsivo de algunas de sus estamentos fundamentales. Como menciona Bernatene (2016), se pusieron “la ética y la honestidad como valor del lado de las formas, las funciones y las metodologías y no de la finalidad política y social de los proyectos y la distribución de las riquezas”. Sus consecuencias en torno al hacer disciplinar se alinean con el marco contextual que orienta la sociopolítica aplicada al territorio.

Quizás en forma tardía, con casi tres décadas perdidas (Bernatene 2016) se comienza a gestar en este territorio un conjunto de acciones disonantes que fueron tomando cuerpo con el devenir del siglo XXI. Se trata de referencias a los diseños sociales que comenzaron a conformarse a través de acciones proyectuales tendientes a la recuperación y/o reconstrucción de derechos vulnerados en el campo de la vivienda, del trabajo, de la salud, de la educación yde la participación en las decisiones de la política. Inclusive en tiempos más avanzados del período y en el marco del acompañamiento del contexto político, no sólo se trató de la recuperación de los derechos sino también de su ampliación. Conceptos como economía social y solidaria, comercio justo, redes asociativas, trueque, comercializadoras sociales, cadenas de valor del mercado artesanal, filiación y tecnologías sociales fueron reconstruyendo la esfera reflexiva y el hacer proyectual en el reencuentro de las prácticas sociales disciplinares con la problemática específica de la sociedad de pertenencia. Estas referencias no son exclusivas de las latitudes sureñas mientras, en cambio, sí lo es la singularidad con la que se trata el tema y los aportes que estos territorios brindan a lo disciplinar en su componente social. (24)

A diferencia del proceso de desarrollo y diversificación disciplinar moderno delineado en el contexto occidental europeo y estadounidense, en este período histórico Latinoamérica acompaña y aporta, colaborando en forma teórico-práctica, el desarrollo disciplinar, en particular en lo que atañe al componente social de los diseños, tanto con sus adaptaciones locales como por la conformación de puntos de vista singulares devenidos de las particularidades del contexto socio-político de la región en el periodo. Sus acciones son difundidas y estudiadas, sus intentos de sistematización, aún en proceso, son observados y discutidos. El continente comienza a sumar en sus debates construcciones propias y a proponer críticas sobre las matrices formativas y sus prácticas en torno a su pertinencia en la acción territorial. Esta particularidad que se produce en el componente social de la disciplina no se circunscribe sólo a él. Si bien excede el contexto de este escrito, podemos apuntar que, con matices, las prácticas en el marco privado/empresarial también demarcan una mirada crítica al modelo externo del modo proyectual, proponiendo revisiones en torno a las características y dinámicas del tejido local productivo y de servicios.

Estas revisiones se dan en paralelo al proceso de resignificación de los marcos teóricos ligados a lo tecnológico y lo social a partir de la conformación de la línea de pensamiento socio-técnico (Latour 1989, Callon, 1992, Pinch y Bijker 1987) y los aportes en clave latinoamericana a partir de los Sistemas Tecnológicos Sociales (Dagnino, 1996, Thomas y Fresoli 2009, Picabea 2017). Es importante aclarar que no intentamos sostener que exista una relación directa entre estos acontecimientos, pero sí encontramos pertinente este marco teórico en torno a la acción de las disciplinas proyectuales.

En la actualidad, el corpus de prácticas proyectuales en torno al diseño social en la Argentina y en varios países de la región posee un trayecto que se extiende por casi dos décadas. Es muy extensa la casuística en este sentido. Sus áreas de acción se constituyen inicialmente en el marco de posicionamientos de grupos de trabajo y su adhesión más o menos cercana a ciertos marcos analíticos, o la acción en los intersticios de algunos de ellos, intentando vincularlos a partir de la necesidad del contexto específico. Bajo las categorías de diseño para el desarrollo, diseño inclusivo, accesibilidad, diseño y cadenas de valor, diseño sostenible y eco-diseño, diseño participativo, diseño y hábitat popular, entre otras, se congregan líneas de acción y reflexión proyectual diversas tendientes a pensar la disciplina desde su vertiente social. No es intensión de este artículo explicar o definir cada una de ellas; en todo caso, sí hacer mención de algunos esfuerzos en este sentido. Las categorías se encuentran en construcción, con diversos grados de maduración. Igualmente es posible vislumbrar la amplitud y diversidad de la temática junto con su singularidad en el contexto global. Se han efectuado intentos clasificatorios diversos a lo largo de este periodo, cuyo antecedente iniciático es el repositorio de experiencias de transferencia del año 1999. (25)

Entre algunos referentes de esta vertiente proyectual se cuenta María Ledesma que, a partir de su trabajo de mapeos, ha desarrollado un intento de distribución de las acciones en seis tipos.(26)  Lucas Giono (2013) verifica tres ejes posibles a los que denomina abordajes abarcador, inclusivo y posicionado. Otros autores desarrollan clasificaciones duales como, por ejemplo, el modelo de diseño de mercado vs los modelos de diseño de productos orientado a las necesidades sociales (Margolin, Margolin 2012: 162) (27).  En los inicios del nuevo milenio, Galán (2011) enunciaba su caracterización del diseño para el desarrollo y la emergencia de un enfoque disciplinar sobre la gestión como superación de una objetística.

A partir de una mirada sociotécnica, otros actores como Bernatene y Canale y otros (2010) trabajan el componente social en vinculación con el diseño sostenible. En el marco del Instituto Nacional de Tecnología Industrial, Biagetti (2006) y Melaragno (2011) aportan una mirada ampliada hacia lo contextual a partir de la conjunción con el enfoque de cadena de valor en su vertiente regional y la demarcación de los factores que afectan a los actores productivos en términos de poder. En torno a la dinámica mundial del mercado del microcrédito, desde el Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Pequeña Agricultura Familiar del INTA Garbarini (2011) plantea su vinculación con lo proyectual y el trabajo con pequeñas unidades productivas. Desde el INTA, Justianovich (2015) aporta una mirada disciplinar para el desarrollo y la gestión de tecnología en los sectores rurales más postergados. A partir de equipos en el CONICET y de distintas cátedras universitarias como las de Louzeau y Galán, se desarrollan  proyectos en diversas áreas de la producción comunitaria. Proponen una mirada hacia el tejido productivo local que demarca la vacancia de medios de producción especializados de baja escala. Desde las áreas urbanística y arquitectónica con su mirada puesta en los sectores sociales, enfoques sobre la (re)-urbanización como los de Fernandez Castro (2010) y Jauregui (2008) proponen enfoques proyectuales que se vinculan con el derecho a la vivienda y la justicia espacial. En este mismo marco, el diseño participativo toma forma, por ejemplo, en la construcción y el fortalecimiento de estructuras organizacionales (mesas de urbanización) para la toma de decisiones territoriales en proyectos de re-urbanización.

Éstas constituyen en la actualidad un espacio de participación que incluso resignifica el concepto de participación en el marco de una construcción política basada en el reclamo de derechos básicos. En la década de 1990, la gestión estatal brasileña —a través del SEBRAE —servicio brasilero de apoyo para micro y pequeñas empresas—, el PDB —programa brasilero de diseño—y otros organismos vinculados a la mejora de la producción artesanal y su vinculación con áreas proyectuales— aportó un ejemplo de gestión para la inserción de producciones excluidas en el mercado de productos e inclusive para la generación de nuevos mercados específicos. Colombia, con una mirada territorial singular devenida de los conflictos bélicos internos específicos, también ha efectuados sus aportes en línea a la perspectiva brasileña. Sin pretender exhaustividad en el análisis de los formatos clasificatorios ni en los marcos constituidos, mencionamos algunos actores y procesos como intento de ilustrar la tensión contemporánea en lo que atañe al componente social delos diseños, su intento de definición y el desarrollo específico en relación con Argentina y Latinoamérica.

El proceso construido por casi dos décadas, entonces, no es menor. En el devenir histórico, es iniciático para estas latitudes hacer aportes en el contexto mundial a la definición del campo disciplinar. La profundidad de los hallazgos latinoamericanos remite a la posibilidad de generar redimensionamientos de la disciplina y de lograr su singularización a partir de la problemática territorial específica.

Otro aspecto contemporáneo del fortalecimiento delos diseños sociales lo constituyen las muestras de su institucionalización. Si bien aún incipientes, se avizoran aperturas en los programas de las carreras de grado de los diseños en el área formativa. Son aún más nítidas en postgrados y maestrías acerca de la temática cuya oferta en tal marco se ha ampliado fuertemente, en especial en esta última década, así como se perciben más claramente en las áreas de investigación académicas, donde es posible atestiguar intensas y amplias acciones de extensión y transferencia.

En nuestra esfera estatal, en particular en la gestión ministerial, también han surgido recientemente programas específicos que estudian la temática y proponen acciones concretas: entre otros, el Programa de Diseño Asociativo (PAD) y PROCODAS dentro del Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación Productiva (MINCyT), el Programa de Sistemas productivos Locales (SPL) del Ministerio de Producción de la Nación y Marca Colectiva bajo el Ministerio de Desarrollo Social. Instituciones específicas de la disciplina, como el Centro Metropolitano de Diseño de la Ciudad de Buenos Aires y el Centro de Diseño del INTI, también han generado líneas de trabajo ligadas al diseño social. Asimismo, se han realizado acciones específicas en términos de convenios que también establecen antecedentes locales en este proceso, como es el caso de FADU/MDS. En el contexto del urbanismo, se ha producido legislación específica: es paradigmático el caso de las leyes de urbanización de las villas 20, 31 y Rodrigo Bueno de la Ciudad de Buenos Aires impulsadas por el trabajo proyectual y territorial en conjunto.

Las acciones enumeradas permiten verificar la trascendencia y penetración del componente social en nuestra área disciplinar. Los diseños sociales en Argentina y América Latina han constituido roles, prácticas y campo de acción. No es nuevo el uso del término; , mas sí su modo singular de interpretarlo. Si el diseño moderno nace en el trayecto que va desde la unión del arte y la técnica hasta la utilidad y la síntesis formal, entendemos que el diseño latinoamericano contemporáneo, a partir de su componente inclusiva, busca propiciar una congruencia entre lo tecnológico, lo económico, lo social y lo ambiental a partir de un enfoque orientado a la recuperación y generación de derechos.

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