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Derecho a la ciudad

Cosas que no existen… la ciudad

Como funcionario del estado, técnico del estado, durante mucho tiempo, sé que las políticas públicas en general, sobre todo las políticas sociales, se definen por una “institución” que es el INDEC. Generalmente son los indicadores estadísticos quienes definen las focalizaciones de las políticas públicas. Cuando un funcionario tiene que ampararse en algo (no digo cuando tiene que pensar una política), cuando tiene que cubrirse las espaldas, utiliza los datos estadísticos. Yo lo escuchaba a Agustín Territoriale sobre todo cuando hablaba de la ciudad, y el derecho a la ciudad, y mencionaba lo rural… Trabajé bastante con población rural y con el movimiento campesino, y en algún momento me dije: «Bueno, en esta facultad, donde se está por fundar la carrera de urbanismo como carrera de grado, donde hablamos tanto de lo urbano, ¿cuál es la definición de ciudad para el estado argentino?» Esa definición me la tiene que dar el INDEC. Primera observación. En el glosario del INDEC no existe la palabra ciudad. Vayamos a ver qué es lo Urbano: población de más de 2.000 habitantes. Fin de la frase! Rural: lo que no es urbano. Fin de la frase! Bueno, busquemos algo más. Localidad: Población asentada en edificios vinculados entre sí mediante calles o redes y que no están a más de 1.000 metros unos de otros. Eso es una localidad para el INDEC! Si en el momento en que en esta facultad exista Urbanismo como carrera de grado y no reflexionamos, no trabajamos para modificar estas definiciones, estamos en el horno. Para el INDEC la ciudad no existe. Todo esto que dijo Doberti de la ciudad y qué sé yo, no existe.

Cosas que no existen… el derecho

¿Será que son tan diferentes lo urbano y lo rural? doña Ramona, que cría a sus seis cabras en la periferia de Cruz del Eje, ¿es rural? alguien de la Villa 31, que es tan urbano ¿es urbano al igual que el habitante de barrio Parque? ¿Cuántos metros hay de la Villa 31 a Barrio Parque?… ¿o será al revés? Que el habitante de Barrio Parque y Grobocopatel tienen mucho más que ver entre sí,  y que el habitante de la Villa 31 y doña Ramona en la periferia cordobesa o santiagueña, también tienen que ver. ¿Hay una relación inversa? ¿Viste cuando dicen en matemática esta es inversamente proporcional? Para mí es la relación a la distancia simbólica que hay en la toma de decisiones sobre el lugar donde uno habita. Es decir, Grobocopatel puede decidir sobre su zona y casi inmediatamente él tiene la relación con el poder muy cercana para modificar esas miles de hectáreas. Doña Ramona no. El habitante de la 31 tiene poca cercanía, aunque viva cerca de la Casa Rosada, con las decisiones, con el poder sobre su propio hábitat. Esto tiene que ver con todo lo que mencionaban anteriormente Pedro Senar y Agustín Territoriale sobre la participación. Podemos, entonces por ahí, estas definiciones de urbano y rural, en tanto y en cuanto son operativas, no son tan necesarias como pensar alguna definición que nos hable de las relaciones de poder con el propio lugar y con el propio riesgo a que te cambien la forma de cómo vivís. Cuando el derecho a la ciudad se convierte en justificación es que ya se ha naturalizado al sentido común y ha sido dominante. El peligro es lo que estamos mencionando en la mesa hace un rato, que se convierta en ideología dominante con un sentido distinto al que originariamente lo habíamos pensado. Y ahora voy a dar otro saltito…

Cosas que no existen… Las necesidades

Las políticas sobre hábitat se definen, y todo funcionario se ampara, en el índice de necesidades básicas insatisfechas. ¿Alguna vez dudaron del NBI…? No! Del INDEC podemos dudar, del índice de precios al consumidor, pero del NBI no, jamás. En resumidas cuentas, el NBI está compuesto por cinco indicadores: la calidad de los materiales, el acceso a cloacas, el hacinamiento, (cosa muy occidental y cristiana) cuántos niños hay por dormitorio y eso. El hacinamiento, la distancia a la escolaridad y la posibilidad de trabajo que te permita vivir. Con esto sabemos que si la distancia de una escuela y ese tipo de servicios está en juego, prácticamente de 5, 3 índices y medio tienen que ver con el hábitat construido y el del trabajo. Doña Ramona no quiso irse, pero los que especularon sobre su terrenito igual le voltearon la casa y tiraron los escombros en el pozo de agua. Ni el riesgo de desalojo ni el riesgo ambiental, ni el riesgo a perder el trabajo y tener que emigrar, ni el riesgo a la violencia que cambia tu forma de vida. El INDEC no mide necesidades reales, mide necesidades medibles. Entonces aparece este otro axioma de la teoría del habitar, que las necesidades no existen. Hablo de las necesidades básicas. Pero sin este sistema de significación que dijimos, esa manera equivalente al lenguaje, no hay nada de natural, todo es artificial en un sistema de codificación, porque todo es humano y todo es cultural, y lo cultural es histórico y mutable. ¿Qué quiero decir con esto? Que estudiamos como arquitectos en base a un programa de necesidades. La necesidad no existe, y de esto voy a tomar el ejemplo que toma Lacan en el estadio del espejo. (8) ¿Qué nos dice Lacan? Es un cuentito también. El niño llora. La mamá no sabe qué le pasa al niño. El niño está mal y no sabe por qué. Entonces la mamá intenta calmarlo, por ahí está meado. Y va y le cambia los pañales. El niño sigue llorando. Pucha… ¿tendrá frío? Y lo abriga. Sigue llorando. ¿Tendrá calor? Y lo destapa. El niño sigue llorando. Hasta que finalmente la madre, en el ejemplo lacaniano, le da la teta y el niño se prende a la teta y deja de llorar. La madre dice: «el niño tenía hambre». Y a partir de ahí, para esa madre y ese niño, esa manera de llorar significa «tengo hambre», para él y para la madre ya está establecido el lazo del código de la lengua. Lo que el niño necesitaba, para Lacan: deseaba, y con eso queremos decir que la necesidad originaria, animal e instintiva está perdida. Desde que entramos en el sistema de significación no hay necesidades. Hay deseos, hay anhelos, hay proyectos, hay aspiraciones. Y esto no quiere decir que si no comemos nos morimos, pero cada forma de comer, cada forma de actuar, cada forma de esa persona de llevar a cabo las diferentes prácticas sociales, está signada por nuestra cultura y porque vivimos en un mundo de signos. Y también están en juego, ciertas políticas y cierta forma de poder.

“Hubo un primer hombre. Imaginemos que aquel primer hombre, al que luego otros llamaron Adán, aquel que insatisfecho con el mundo natural, decidió transformarlo con alguna pequeña minucia. Quizás su frustración se debía a aquella fruta que no podía alcanzar e inventó el palito de alcanzar frutas. O tal vez, harto de que el agua se escurriera entre sus dedos inventó el cuenco. O más decisivo aún, encontró la forma de convertir a un enemigo poderoso (el fuego) en su mejor amigo. Nacía así el proyecto. Para Adán, el Paraíso le resultó insuficiente. ¿Recuerdan lo que decía Ortega? Bastó un fruto inalcanzable para la caída de su condición divina, o viéndolo de otra forma, la decisión de alterar el mundo dado, la voluntad de modificar su hábitat natural le valió su puesto en la historia. No es de extrañar el enojo de Dios, la decisión de Adán destruyó su omnipotencia. Su creación fue cuestionada, hubo a quien el Universo no le resultaba perfecto. Y, por sobre todo, hubo un ser que, transformando el mundo, asumió el mayor de los riesgos, equivocarse. Podemos imaginar que intentó, ensayó y logró, es decir, concretó. Seguramente luego, relató y mostró su invento a su pareja, su prole, o su clan. Ellos experimentaron a su vez las bondades del invento, le pusieron nombre, aprendieron a usarlo, lo representaron en los muros de lo cueva (lo que de paso dio lugar al invento del lápiz) y lo siguieron usando hasta el día de hoy, reinventándolo, siempre igual y siempre distinto. Nacía así la Memoria, hija del Proyecto. Afirmar que la memoria es posterior al proyecto implica un desarrollo temporal que invierte la secuencia lineal y tradicional que reza al ayer antes que el presente y al mañana como el día que vendrá, la incertidumbre de lo que ocurrirá y, también, la posibilidad de que suceda lo previsto.”(9) Entonces, Hay un punto de arranque del proyecto, hay una instancia de elaboración del proyecto, un momento en que el proyecto se materializa, se convierte en obra, y a partir de ahí hay un circuito de ocupación. Además hay un punto donde hay un vacío, donde este circuito hay algo que no está dice Doberti que él llama “el hiato”. Y a mí se me ocurrió llamar a esto malestar, cuando después, mucho tiempo después, encuentro que Ortega trabaja con el concepto de malestar también, y yo se lo estaba afanando a Freud!, esto es la insatisfacción, el malestar con la naturaleza, es esto lo que decía de este Adán de pacotilla que inventé en el libro. Cuando el tipo no está conforme con el mundo en el que está, y entonces tiene que empezar a transformarlo, tiene que empezar a pensar otro mundo, otro lugar.  Entonces, el proyecto es prefiguración de una transformación y el camino para lograrla, si no, sería utopía.

Hay un punto en el cual esa obra ya está construida. Después de esto, la ocupación es sólo una parte de lo que sería la apropiación. Todo este circuito, que es la contracara del proyecto, es la memoria la apropiación. Es la construcción del discurso acerca del mundo, del discurso acerca de las cosas, del sentido común, de las justificaciones, esto que naturalizamos. ¿En qué instancia de este grafico nos encontraremos con el tema derecho a la ciudad? Todo el mundo habla, y ya no nos gusta lo que nos están diciendo del derecho a la ciudad. Las cosas son dentro de la ideología en la que se construyen. Freud, en El malestar en la Cultura,  ya está diciendo que ese malestar con el mundo existe (es más, después se contradice a sí mismo en el mismo texto y dice: «Pero el hombre construye ciudades maravillosas», y son hermosos los relatos de la descripción de Roma y de Viena, que el hombre hace para soportar ese malestar con la naturaleza). Pero como él se va a dedicar a eso, y todos los psicoanalistas que vinieron después, y los antropólogos, no les importaba nada con referencia a lo que nos importa a nosotros que es el habitar, ese malestar lo dejaron de lado. Pero hace falta para dar motor a esto toda una construcción de sentido, que donde lleguemos a un momento donde no estemos conformes con el mundo en que vivimos y entonces que decidamos transformarlo.

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