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Construcciones en torno al diseño social.
Entrevista a Maria del Valle Ledesma.

En términos del componente social, ¿es posible entender a los diseños como un bloque o es necesario volver a las particularidades y singularidades de cada una de las disciplinas en ese marco, gráfico, indumentaria, textil, o industrial y trabajarlo en bloques separados?

Como todas las cosas, me parece que no es ni una ni otra, sino que es una situación dialéctica. Pero en principio, yo parto de definir al diseño como un tejido sin costuras, como el lugar en el cual se articulan, el lugar en el cual negocian todos los saberes que tienen que ver con el hábitat humano. Desde este punto de vista, es un todo, y no una parte, pero también es cierto que…, como alguien que me dijo una vez que hablé del tejido sin costuras: “que no te pase como pasó con la túnica de Cristo, que se disputaban aquellos que lo habían matado, que por tirar de todos los costados de la túnica, como no tenía costuras no pudieron quedarse con ninguna”. Es cierto que necesitamos dentro de esa visión, esa cosmovisión, esa globalidad, que haya puntos de especificidad. Pero esos puntos de especificidad no pueden ser previos, son a posteriori, primero está la comprensión global del diseño, y luego de esa comprensión global aparecen las especificaciones, las especialidades. Pero yo no las dividiría necesariamente al modo en que se dividen en esta facultad, eso sería otro tema.

Por ejemplo, dentro de este contexto de construcción del componente social del diseño, hay muchos grupos, tanto de investigación como activistas, docentes, diferentes actores sociales que están tratando de transitar este trayecto. ¿En el mapeo que ustedes han hecho hay algún grupo o clasificación particular que por algún motivo les esté llamando la atención?

Sí. No es grupo, estamos particularizando nuestra atención en todos aquellos grupos que tomen la estrategia de taller para trabajar con los territorios que han elegido.

Contame un poco cómo es eso.

Siempre hablo así subrayando, soy hiperbólica para hablar, pero después tomen con pinzas toda esta hipérbole, todo este subrayado… Justamente por esto del diseño emergente, que nos parece que está apareciendo, con rasgos que nos parece que son diferentes a los que estábamos acostumbrados. Una idea es que hay un cambio en la consideración de los actores. Ya no se trata de la consideración del diseñador como aquel que es depositario de todos los saberes, que los va a llevar a la comunidad en el “pobre” territorio, sino que hay una revalorización de los saberes territoriales. Se ha visto recientemente, por ejemplo, en ocasión del terremoto de México, ´como en las páginas de diseño aparecen revalorizaciones de los modos constructivos en adobe, etc., que particularmente es inédito; y hubo una llamada en los primeros días del terremoto, que yo lamentablemente no documenté, y que después no aparecieron. En la comunidad de diseñadores hubo un movimiento que decía, “si vamos a reconstruir México no llamemos más a los arquitectos, llamemos a los constructores que son los que saben construir, edificios viejos no se cayó ninguno”. Después aparece el negocio inmobiliario, que es otro componente. Pero independientemente de esto, lo que se palpa es una revalorización de los saberes del territorio, junto a los saberes profesionales. Esto que Manzini llama desde otro lugar “el diseño difuso, el diseño experto”, pero me gusta más en esta otra línea.  Entonces nos parece que los grupos que convocan a trabajar en talleres -explícitamente o no- están pensando con esta idea, porque es la misma idea del taller de arquitectura, el taller de diseño; allí no hay un docente que sabe y un estudiante que no sabe. El docente  sabe y el estudiante tiene un proyecto, que ha hecho él y es dueño de ese proyecto sobre el cual viene a hablar. Esa misma situación me parece que es la que se duplica en los grupos que están trabajando con esa línea. Y por eso me parece que a esos grupos hay que mirar.

Muy interesante. Y en cuanto al marco formativo y los saberes en construcción,  ¿existe alguna retroalimentación -en la FADU o en otras universidades- o construcciones que se hayan institucionalizado en términos de formación y diseño social?

Que exista este centro me parece que es un dato de una cierta institucionalización. Si uno mira cómo se han organizado los nuevos programas de enseñanza, me da la impresión que hay poca institucionalización al respecto, que hemos perdido otra vez la oportunidad histórica de pensarlo, no hemos tenido la suficiente fuerza, como para poder organizarlo. Porque me parece que los programas, tal como están saliendo, son programas que replican una vieja concepción de diseño. Pero los ríos subterráneos andan.

¿Y en términos de posgrados?

No estoy tan segura. Me parece que hay poco. Está la maestría en pobreza, que no la conozco bien, no sé bien de qué trata, pero por lo menos tiene una inquietud al respecto.

¿y en tu trayecto?

No, en mi trayecto no. Me llamaron a dar una conferencia de diseño social ahora… en la UNL. Pero más me llaman por otras cosas, no por esto. Si bien lo tengo colgado como una etiqueta, lo de diseño social; de hecho, previo a esta entrevista fui entrevistada por unos chicos franceses que estaban preocupados por el diseño social…

Ah, ¿sí?

Claro, por eso me hicieron la entrevista.

Y como última pregunta, ¿ves la posibilidad de incidir a partir de los aprendizajes, las prácticas del diseño social en el marco de las políticas públicas?

Me parece que sí. Ahí me parece que hay, concretamente hay grupos de esta facultad, el de ustedes es un grupo que tiene una participación activa al respecto, creo que el grupo de Beatriz Pedro también tiene una participación activa y una incidencia importante. Sí, yo creo que sí, creo que en ese punto tenemos más incidencia afuera que adentro.

Bueno, ¡qué conclusión! No sé si quisieras agregar algo más, algo que haya quedado pendiente…

No sé, seguro que quedó pendiente, pero me encantó…

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