Suscribir al newsletter:

COMÚN-TECTURAS: arquitecturas de lo común para resignificar el espacio doméstico

COMÚN-potencia

Si, como plantea Ezequiel Gatto (2016), lo común permite imaginar formas alternativas de cohabitación capaces de incidir en las formas hegemónicas de la relación entre cultura y temporalidad y cultura y futuridad, entender el espacio desde lo común ayuda a pensar, desear y explorar otros futuros posibles. El proyecto arquitectónico se convierte, entonces, en una potencia para el diseño de lo que sucede en el espacio entre las formas, soportando las relaciones entre las mismas y haciéndolas posibles. Por tanto, indagar sobre lo común representa investigar sobre la construcción de herramientas proyectuales que puedan configurar formas de cohabitación más justas y saludables.

Estos primeros estudios y reflexiones críticas realizadas sobre los casos de estudio permiten esbozar unas primeras doce herramientas proyectuales para introducir la mirada de lo común a la arquitectura y abrir el debate a partir del análisis realizado. Así, se plantean las siguientes herramientas:

  1. La vegetación como bien común para cualificar los ambientes y fomentar una vida saludable, la biodiversidad y el equilibrio ecosistémico.
  2. Accesibilidad, para que todas las personas puedan acceder, desplazarse, gozar y disfrutar de todos los espacios. Cabe resaltar la importancia de pensar el diseño de los espacios para albergar toda la diversidad de personas, estructuras de convivencia y grupos sociales, especialmente para las infancias y las personas mayores.
  3. Equilibrio proporcional y relacional de los espacios comunes en los conjuntos habitacionales. Se debe tener en cuenta la relación entre las dimensiones del espacio y la escala del grupo social que lo usa y gestiona en la cotidianidad. También es importante pensar en la cantidad, ubicación y porcentaje en los diferentes niveles del proyecto.
  4. Cuidados y vida cotidiana. Facilitar las prácticas sociales a partir de poner a disposición espacios donde se pueda dar el encuentro y las relaciones cotidianas que tejen las redes de cuidados en la proximidad.
  5. Espacios de uso común equipados y que fomenten su apropiación, tanto interiores como exteriores. Para ello, se debe introducir programas diversos, tanto habitativos, como de ocio, reproductivos y productivos y prever diversos tipos y cualidades de espacios comunes. Es importante tener en cuenta la habilitación de las cubiertas para usos comunitarios vecinales, evitando espacios residuales y sin uso.
  6. Ambigüedad de los espacios para permitir la flexibilidad de uso, de tamaño y de tiempo. Esto significa diseñar espacios que puedan transformarse y adaptarse a diversos requerimientos y circunstancias. Además, deben contemplar la multiplicidad y simultaneidad de usos.
  7. Articulaciones múltiples y seguras, para fomentar la secuencialidad y continuidad de uso y la riqueza de las situaciones esporádicas e impredecibles. Es importante pensar recorridos de calidad y espacios de transición.
  8. Gradientes de transición entre lo público y lo privado. La vida doméstica no se tiene que dar solamente en espacios de carácter privativo, sino que también puede contemplar escenarios comunitarios a diferentes niveles.
  9. Regulación de niveles de intimidad, control visual y confort. Es necesario pensar cuáles son las divisiones entre los espacios y cuáles son las relaciones que se pueden dar entre ellos. Se propone pensar niveles de permeabilidad y aislamiento, así como niveles de transparencia, opacidad y tamices. También deben contemplarse los mecanismos tecnológicos necesarios para los diferentes tipos de accionamientos y desplazamientos.
  10. Tecnologías e infraestructuras al servicio de lo común. Hablamos de producción de energía, de alimentos, reúso y calentamiento pasivo de agua, internet y redes, reciclaje, ciclos de compostaje, etc. Por un lado, sirven para impulsar una conciencia participativa en el uso energético y apuntar a un modo de vida más sustentable. Por otro lado, permiten un ahorro energético y económico en los gastos comunes del conjunto. Es interesante también incluir reservas de espacios cuyo alquiler pueda minimizar estos gastos.
  11. Diseño participativo, que toma en cuenta las experiencias y necesidades de todas las personas y formas de habitar.
  12. Gestión comunitaria y cooperativa, que promueve la construcción e interacción de la comunidad vecinal y del desarrollo colectivo de la vida.

Los comentarios están cerrados.