Suscribir al newsletter:

Arquitectura, diseños y Derecho a la Ciudad

Los bienes comunes

¿Es contradictorio plantear derechos sociales para todos con la idea de este sistema económico capitalista donde uno debe proveerse de los bienes del mercado? Estos bienes que parecen básicos, necesidades mínimas para las condiciones de vida de las personas, ¿son derechos o son mercancías? Aquí aparece la primera cuestión, aparentemente uno puede reducir este dilema derecho-mercancía en sistemas económicos capitalistas, como el dilema estado-mercado, pero estos dilemas son insuficientes, porque no considera la idea autogestión que se promueve desde la sociedad, entendiendo que también puede ser una aliada a las políticas del estado.

Existe una discusión en el ámbito del ecologismo y/o el ambientalismo que resulta relevante para pensar el derecho a la ciudad, es la discusión sobre los bienes comunes. Los bienes comunes son los que no deben ser apropiados, ni privadamente ni por el estado, es decir que son de la comunidad. La cuestión es cómo organizar la gestión de esos bienes comunes, cuáles son los problemas, los dilemas y los desafíos en la gestión colectiva de los bienes comunes.

Cuando se habla de bienes comunes, no sólo de recursos físicos como el agua, la tierra, sino también de recursos virtuales como el conocimiento. La discusión que se presenta podemos llevarla al ámbito urbano: ¿Qué bienes de la ciudad pueden ser considerados como bienes comunes? ¿Cómo se debe gestionar la ciudad como una construcción histórica colectiva? Un ejemplo puede ser la Ley de Desarrollo Urbano de Colombia cuando habla del suelo como un bien público y colectivo. Asimismo, existen experiencias de limitaciones en la apropiación del suelo en distintas legislaciones, dejándolo fuera del mercado, pero que no necesariamente la resolución de esos bienes fuera del mercado debe ser de apropiación estatal, porque podría cerrar esta idea también de autogestión colectiva autoorganizativa de la sociedad.

La cuestión de los bienes comunes resulta relevante para pensar los modelos de gestión del territorio en relación a una visión de derechos humanos. Pensar el diseño de las ciudades desde esta perspectiva, me permitió realizar una clasificación de las distintas formas de gestionar los conflictos en el espacio urbano. En primer lugar, el modelo elitista, donde se contrata a un experto para que piense y planifique la ciudad quienes presentan modelos ideales y tratan de implantarlos más allá de los habitantes que la habitan, que viven ahí, o más allá de las características del lugar. Un segundo modelo, es el modelo privatizador, donde la gestión del proyecto urbano que hacen los gobiernos nace de las propuestas que realiza el sector privado. Por último, el militarizado o represivo, quien debe tomar control del territorio cuando hay una gran catástrofe son las fuerzas armadas o una idea que aparece por ejemplo en la Constitución brasilera, que dice que los recursos naturales son áreas de seguridad nacional. Entonces un día hubo un reclamo de unos trabajadores en una represa hidroeléctrica y les mandan el Ejército. Porque las áreas de represa son áreas de seguridad nacional. Esta idea de militarización, que ahora bueno, también aparece en los proyectos estos de seguridad ciudadana, en los proyectos de Brasil de bajar con el Ejército a las favelas a controlar todo. Y en el medio dicen: «Bueno, pero también les traemos proyectos sociales, esto, lo otro, pero básicamente es una militarización de los barrios populares con digamos algún tipo de este otro recurso, una mano dura que viene a pegar y a matar y otra mano social que vendría a acariciar a lo que se encuadran. Bueno, de estos modelos hay otro modelo que se llama de gestión democrática del territorio, y es el que podríamos decir más compatible con la idea de derechos humanos, y es lo que yo planteo al inicio de esta exposición. La idea de gestión democrática o el modelo de gestión democrática es el modelo de que la ciudad debe ser pensada, diseñada, planificada a partir del protagonismo de las personas que la viven. La idea de que los ciudadanos, los habitantes somos protagonistas en la dirección en la gestión, entonces por eso ahí aparecen herramientas, a veces maltratadas, a veces mal utilizadas, pero no por las malas experiencias impugnable el modelo en sí, para la idea de planes urbanos participativos, la idea de supuestos participativos, de reurbanizaciones con participación de las organizaciones sociales del barrio, bueno, estas se inscriben en esta tradición de gestión democrática del territorio y el espacio urbano de gestión democrática de la ciudad, que es la idea que yo creo la más compatible, de estos modelos de gestión de conflictos, que yo creo más compatible con la idea de derechos humanos. Ahora, uno puede encontrar ciudades donde todos los ejemplos se dan. Si uno piensa en Río de Janeiro o piensa en Buenos Aires va a encontrar experiencias de militarización, va a encontrar experiencias del modelo elitista de la ciudad, va a encontrar experiencias de gestión democrática también. Pero todo superpuesto. Uno podría inscribir unas u otras políticas o prácticas en algunas de estas digamos, paradigmas de gestión digamos, de la conflictiva territorial. Esta es como la primera parte.

Fuente: labrujulasantiago.com.ar

Como señalé anteriormente, no tengo formación teórica en el campo del diseño, lo definiré intuitivamente como algo que debe responder a las necesidades y reflejar la identidad de una comunidad. Una identidad no en el sentido de una identidad monocromática, sino una identidad diversa, multicultural. La forma de habitar, el diseño de los planes de vivienda, el modo de vida de los sectores altos refleja relaciones sociales muchas veces de discriminación, no resuelve los problemas planteados por las necesidades de la población y tampoco reflejan la identidad y la diversidad cultural. Pensemos y preguntémonos, por ejemplo: Los modelos de vivienda de los planes públicos, ¿reflejan las necesidades y formas de vida de las familias que van a habitar? Los espacios públicos, ¿reflejan la diversidad cultural y las identidades de los que lo habitan? ¿Permiten un ambiente por ejemplo libre de violencia contra las mujeres, una circulación en el espacio urbano que facilite los circuitos de cuidado del lugar donde viven, las escuelas, las proveedurías, las guarderías, el traslado de las personas sobre las cuales recae el cuidado? Pensé en tres ejemplos de otro momento histórico. El primer ejemplo es los planes del FONAVI en la provincia de Santiago del Estero en la década del 70, con la idea de combatir el Mal de Chagas se propiciaba eliminar los ranchos y se construían unas casas. En la década del ´80, realicé algunas visitas a estas poblaciones, se observaba que al lado de cada vivienda del FONAVI había un nuevo rancho. Entonces le preguntábamos a la gente. ¿Por qué se va a vivir al rancho si tiene estas lindas casas construidas por Instituto de la Vivienda? La gente decía «es que nos morimos de calor. Los ranchos son de adobe, hay Chagas, pero por lo menos no nos incineramos. No se puede pasar de las 11 de la mañana a las 5 de la tarde adentro de esas casas.» Otro ejemplo, son las viviendas prefabricadas para la urbanización de las villas, ahí resuena la pregunta del principio. El tercer ejemplo, el cuadriculado en los planes de urbanización, la apertura de calles en los proyectos de las villas.

Fuente: ajuntament.barcelona.cat

Cuando decimos que el diseño debe reflejar una identidad, no pensamos en una idea dogmática, sino en la identidad como algo que está en permanente re-construcción. Existen tradiciones de las cuales rescatar técnicas y es necesario también seguir proyectando mejores.

La idea del Derecho a la Ciudad es que los pobladores participen en las decisiones del diseño, que sus voces, sus necesidades sean escuchadas y tenidas en cuenta, que esa participación sea la posibilidad de recrear su cultura, a la vez que permita también tomar en préstamo otros diseños, otras tecnologías. De esta forma podremos avanzar en pensar la ciudad como un producto colectivo, que se adecúe mejor a las necesidades y a los problemas que se plantean en el territorio.

La mercantilización en los productos de diseño y las nuevas tecnologías

Y, para terminar, como una nota al pie, que tiene que ver con las nuevas plataformas y tecnologías de las impresiones 3D. Con este invento alguien puede enviar un software, un programa o un modelo este modelo puede ser impreso en cualquier lugar del mundo. Esto en principio genera un gran desafío vinculado a la circulación de bienes, sin control fiscal, dado que el estado no puede controlar ese tráfico. En un mundo donde la idea del controlar las patentes, controlar los modelos, controlar la propiedad intelectual es parte de la consolidación de los liderazgos económicos. Hoy los países más fuertes no son los que tienen mayor producción, sino los que tienen mayor registro de la propiedad intelectual. Hoy uno de los liderazgos económicos de Estados Unidos tiene que ver con la mayor cantidad de patentes y propiedades intelectuales registradas. Temas que parecen que no tienen que ver con el diseño, pero tienen algún impacto sobre él.

Fuente: nobbot.com

Otra frase para pensar el tema de la tecnología, es una frase feminista que dice: «ni Dios ni patrón ni marido ni algoritmo». La antigua consigna feminista y anarquista presentaba una idea de ruptura con el poder de dominación, proponía entones ni Dios, negando el poder de Dios; ni patrón, negando la dominación en el campo del trabajo y la explotación; ni marido, negando la dominación en las relaciones familia. La actual frase feminista incorpora “ni algoritmo”, agregando la idea de que hoy los algoritmos también son un elemento de dominación que intervienen en el diseño, tanto en la política porque preforman o realizan las relaciones políticas, comunidades, recrean escenarios que pueden tener un impacto fuerte en estas digamos construcciones política democráticas en la sociedad, pero también inscriben relaciones laborales, relaciones de explotación donde no hay nadie, no hay ningún patrón sino que el encargo de trabajo es distribuido y organizado por un algoritmo que optimiza resultados y donde digamos también los dueños, los patrones descargan sus responsabilidades de decir bueno, esto lo autoorganiza un algoritmo, dónde usted va a ir a trabajar, dónde va a hacer la entrega. Con esto no quiero decir que las plataformas, la tecnología y/o las aplicaciones son enemigas, existen ejemplos como el mapeo de inmuebles vacíos o la plataforma Caminos de la Villa de Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) que son propuestas de cómo repensar y reapropiarse de la tecnología para construir a instrumentos para la autoorganización social y la autogestión.

Estas son las reflexiones desordenadas que quería compartir con ustedes.

Muchas gracias.

 

Los comentarios están cerrados.