Suscribir al newsletter:

Aproximaciones a la teoría y práctica del proyecto inclusivo.

Progresividad

Este concepto es ya conocido y aplicado en políticas públicas actuales como el Promeba o Mejor Vivir, es la materialización de la idea de proceso en el proyecto, y en el caso de la Producción Social del Hábitat, implica conocer técnicas y estrategias utilizadas hasta el momento, pero al mismo tiempo proponer modos de producción que contribuyan a prácticas y espacios saludables.

En su instancia actual, prevalecen lógicas de producción de acuerdo a necesidades individuales, a la especulación, no planificadas, por medios precarios, donde el espacio común se constituye como el intersticio resultante del crecimiento por sumatoria de las viviendas. Al mismo tiempo, tanto el esfuerzo y la organización puestos en la construcción colectiva de las viviendas y el barrio (cloacas, electricidad, agua, pasillos), como la posibilidad de transformación en el tiempo de los espacios, son cuestiones a ser valoradas y conceptualizadas en el proyecto.

En tal sentido, nos propusimos definir una construcción que permita incorporar grados de libertad para las lógicas individuales de producción del hábitat, al mismo tiempo que establecer límites de crecimiento para desalentar la especulación y la ocupación del espacio común. Diseñamos también técnicas de producción compatibles con las desarrolladas por la comunidad en tanto permiten la transformabilidad del espacio en el tiempo y se pueden ejecutar por completamiento.

Hibridación programática

Ya hemos mencionado la superposición de funciones en el espacio como la forma en la que se satisfacen las necesidades en espacios insuficientes. Si consideramos que el 72,3% de las familias solo cuentan con un cuarto para dormir y el 35% de los hogares están compuestos por 5 personas o más, observamos que las condiciones materiales de existencia no contribuyen a una vida sana. Sin embargo, una cuestión ya abordada largamente desde los campos académicos, y poco aplicada por las políticas públicas, es la relación entre habitar y producir.

Los espacios de producción vinculados a la vivienda son producto de estrategias para el mejoramiento del salario, o como único medio de subsistencia, en general en un marco de informalidad que atenta contra la calidad de vida de las familias involucradas. Estas variadas formas de producción van desde aquellos emprendimientos particulares, no repetidos en el resto de las familias, a otros ampliamente desarrollados -cartoneo, talleres de costura- que sin embargo se dan de manera atomizada en espacios desvinculados.

Un objetivo del proyecto fue priorizar el trabajo colectivo, solidario, de aquellos que realizan actividades similares para contribuir a su reconocimiento como trabajadores. De esta manera, articulado con el espacio público del barrio, se propusieron espacios de producción colectiva, separados de la vivienda entendida como hábitat privado y vinculados con el espacio común. En el interior de las viviendas, se prevén espacios para una segunda categoría de funciones productivas que se encuentran vinculadas estrechamente a la vida doméstica y requieren espacios menores para su desarrollo.

Los comentarios están cerrados.