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Aproximaciones a la teoría y práctica del proyecto inclusivo.

2. El proceso y el objeto.

La idea de proceso se refiere a dos dimensiones del proyecto, una de ellas en relación a la realidad concreta en que interviene, el otro en relación al proyecto urbano/arquitectónico propiamente dicho. Entre ellos la relación dialéctica entre lo prefigurado y la realidad, requiere de una visión sistémica, integrada y dinámica.

2. a Lo existente y lo nuevo

La estructura espacial del barrio se encuentra, en primera instancia, signada por la necesidad cuya satisfacción se da, en el caso de las villas de la ciudad, con menor grado de planificación por parte de los propios pobladores que en el caso de los asentamientos planificados del periurbano donde se trazan tramas de manzanas y lotes regulares. En el caso de las villas, se trata entonces de estructuras abiertas, de limites indefinidos, que se inician en la ocupación, momento del proceso social que requiere de cierta organización colectiva. Pasan por situaciones diversas, crecen por agregación bajo lógicas individuales, mediadas por relaciones de solidaridad y disputa; en las que las definiciones de cada unidad tienden al completamiento y yuxtaposición de soluciones siempre parciales a escala de las viviendas. Redefinen en este complejo proceso las características del espacio público.

Este proceso que da como resultado espacios públicos o semipúblicos a veces oscuros e intrincados, produce en muchas ocasiones, espacios que aportan algún grado de valor social, convivencia de usos y complejidad de escalas, como hemos observado en el largo pasillo transversal de Los Pinos. Esto se contrapone a la lógica espacial dada por la sucesión lote-vereda-calle que en la ciudad «formal» responde a lógicas planificadas y pre-establecidas, coherentes con el mercado de suelo y el marco legal que éste necesita (propiedad privada). La tarea de arquitectos y urbanistas tendrá entre sus desafíos, la calificación de este tipo de espacios, o bien el trazado de otros nuevos que rescaten su valor social, pues existen también otras lógicas de producción de la ciudad basadas no sólo en relaciones de mercado (en este caso informal), sino en relaciones de solidaridad, en lazos familiares o vecinales, en procesos de re-determinación constantes en sus límites, usos y significados.

Intentar discernir entre aquellos espacios que, aunque producidos socialmente, constituyen una naturalización de condiciones de vida insalubres, y aquellos que tenemos que estimular ya que resultan socialmente valiosos, es uno de los desafíos que implica la intervención en el barrio. En la experiencia de Proyecto Habitar, la utilización de parámetros que vinculan las condiciones del hábitat con la salud de los habitantes (Salvarredy-Jaime 2011) resulta un medio concreto de discusión tanto en el equipo de trabajo, como con los pobladores del barrio. Avanzamos así, en el camino de vincular un término abstracto como el espacio, con los problemas concretos de la población.

Del mismo modo, es necesaria la visión crítica sobre los valores de la ciudad formal de manera de evitar imponer soluciones socialmente injustas y pre determinadas. Tenemos que revisar cuestiones como la importancia dada por las políticas públicas a la titularización de la tierra, que determina por encima de otros valores sociales los proyectos de re urbanización, y, es un ejemplo de imposición de lógicas de la ciudad formal a la informal.

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